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ESPAÑA / Reportaje
Por Andrés Merino
Fue el propio Don Juan Carlos quien, en 1993, en el libro-entrevista de José Luis de Vilallonga, señaló quienes componían la Familia Real: los Reyes, el Príncipe, los condes de Barcelona, las infantas Elena y Cristina, y sus hermanas, las infantas Pilar y Margarita, apuntando una definición por exclusión del concepto, mucho más amplio, de Familia de Su Majestad el Rey: “Pero no los hijos de mis hermanas, ni sus maridos (…)". "Lo mismo pasa con mis primos. Luego están, como en cualquier otra familia, los parientes más o menos alejados”, comentó entonces el monarca. Sus palabras, interpretadas en conexión con el Real Decreto 1368/1987, de 6 de noviembre, sobre régimen de títulos, tratamientos y honores de la Familia Real, dieron lugar a interesantes debates ya dos años después, tras la boda de la infanta Elena con Jaime de Marichalar, quien a tenor de lo afirmado no pertenece a la Familia Real, sino a la de S. M. el Rey. El propio Real Decreto de concesión del uso del título de duquesa de Lugo lo creaba como personal y vitalicio (es decir, no transmisible a sucesores).
Pero el uso inveterado en la nobleza española, que extiende el tratamiento a los consortes, consagró pronto el título de duque de Lugo para el nuevo consorte, algo avalado enseguida por la Casa del Rey, que lo incluye constantemente con tal nombre y como miembro de la Familia Real en las agendas y programas de actos. Lo mismo sucede con los duques de Palma de Mallorca, de familiar actualidad por el nacimiento de su hija Inés. Con ese motivo se ha recordado una vezmás que los hijos de infantes -indica el Real Decreto de 1987- tendrán la consideración de Grandes de España, distinción de escaso contenidomaterial tras haber perdido hace décadas, por ejemplo, el privilegio del pasaporte diplomático.

