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ARTE/LITERATURA
Agencia EFE
La escritora y académica Ana María Matute considera que escribir es "siempre una forma de protesta", no necesariamente política o social, a veces "contra uno mismo" y también una manera "de decir las cosas que todos sabemos y, si no sabemos, intuimos".
La autora de "Olvidado rey Gudú", quien clausuró el seminario "Las artes y los creadores de tendencias" de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, aseguró además, en un encuentro con periodistas, que la escritura es algo "muy bonito, pero muy penoso".
"Se pasa muy mal, pero cuando sale algo que tú crees que está bien es la felicidad", añadió la escritora catalana, quien cree que lo "primero" que hay que hacer cuando se afronta un nuevo libro es "encontrar el tono", como le ocurre a un compositor con una sinfonía. "De repente un día, sin saber cómo, sale solo y ya va, hasta que vuelves a tropezar".
Autora de una extensa obra que ha sido traducida a 23 idiomas, nunca relee sus libros, porque si lo hiciese encontraría tantas cosas que no le gustarían, que le entrarían ganas de "volverlos del revés".
"Yo no me releo, no soy suicida", confesó antes de aclarar que alguna vez que ha "echado un vistacillo" a alguna de sus obras se ha dicho a sí misma "pero qué torpe, qué tonta, cómo no te has dado cuenta". Por eso, comprende a los autores que "han tardado años y años" en terminar un libro y "lo han corregido y corregido".
Ana María Matute no es uno de esos escritores que ven cómo sus personajes cobran vida ante sus ojos e incluso toman su propio camino y "hasta se les desmandan".
Para ella, los personajes no son tan importantes como el libro y sólo le importan en la medida en que tienen una utilidad para explicar lo que ella quiere explicar. "Son peones, caballos, reinas y a mí lo que me importa es el jaque mate", resumió.
Tampoco está de acuerdo con sus compañeros de profesión que afirman que para ellos un libro es como un hijo. "Un libro, sobre todo si es un buen libro, es importantísimo, pero, ahora, compararlo con un hijo...no. Eso está en otro orden de cosas. Un hijo es la vida".
Ana María Matute empezó a escribir muy joven para protestar contra la hipocresía de la sociedad de su tiempo y, a sus 80 años, cree que "la sociedad es igual de hipócrita" y que, por lo tanto, no ha conseguido nada con sus "libritos".
No obstante se apresuró a matizar que "gota a gota algo va cambiando" y especialmente para la mujer, que ha logrado una posición en la sociedad mejor que la tenía en sus tiempos, cuando "no se llevaba la burka por fuera, pero por dentro sí".
"Yo fui una niña mala y no me lo dejé poner", afirmó la escritora, quien recordó cómo, con sus libros, consiguió escapar de un ambiente burgués y además catalán "que es lo burgués más burgués del mundo".
También habló de su familia, encabezada por un padre catalán que podría haber sido amigo de Ulises y una madre "castellana, castellana, que podría haber sido amiga del Cid".
Cuando publicó su primer libro, relató, estaba empeñada en cambiarse el nombre porque le daba vergüenza que "los amigos pijos que tenía entonces" se enterasen de que "la Matute era escritora" y eligió uno "muy romántico" que tardó unos segundos en confesar a los periodistas, de nuevo por vergüenza: Mar negro en euskera.
El intento no resultó, prosiguió, y el editor la convenció de que "eso de Matute quedaba muy bien para una escritora".
Galardonada con infinidad de premios, entre ellos el Nadal y el de la Crítica, opinó que conseguirlos puede beneficiar y dar prestigio a un autor pero "sigues siendo tan buen o tan mal escritor, con premios o sin ellos".
"¿Qué nos importa que el señor Echegaray ganase el Premio Nobel?", se preguntó, convencida de que al final lo que queda "es el libro, la obra, el jaque mate".
Ana María Matute se declaró además una apasionada de la danza y afirmó con humor que no la practica porque tiene 80 años y está "paticoja... si no, me lanzaría", remató acompañando sus palabras con un gesto de los brazos.
Y que es la escritora compartió mesa con la directora del Conservatorio Superior de Danza de Madrid, Virginia Valero, quien también participó en el curso de la UIMP.
Para Valero, la danza es "dentro de las artes, la más desconocida" y las series de televisión de éxito que la tienen como protagonista "la han trivializado y vulgarizado demasiado", dando una imagen "que nada tiene que ver con la realidad".

