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SOCIEDAD / Perfil
Por Idoia Sota
"Es el producto más exportable de Alemania”, ha dicho de ella Karl Lagerfeld, diseñador de la casa Chanel, que no dudó en sustituir a su insípida musa Inés de la Fressange por esta imponente germana. La idea no gustó demasiado a madame Coco, que aborrecía a las rubias. Y ella no era la única escéptica: “De chica de catálogo no pasa”, “su rostro es demasiado infantil, sin garra”, comentaban en 1987 los fotógrafos y estilistas parisinos; pero tuvieron que rendirse a la evidencia. Claudia Schiffer protagonizó, en los años noventa, el trueque de aquellas maniquíes sin pecho, con cara de acelga y zapatos planos por los cuerpos con curvas y todo bien puesto; “la nueva Brigitte Bardot”, como la bautizó la prensa. Por fin aterrizaba en las pasarelas el famoso 90-60-90. Michel Levaton, director de la agencia de modelos Metropolitan, salió en octubre de 1987 a la caza de caras nuevas y se encontró a Schiffer en una discoteca de Düsseldorf: “Al principio creía que quería ligar con ella”, recuerda Levaton. Claudia no tardó en cambiar sus sueños de convertirse en una gran abogada junto con su padre Heinz Schiffer por el glamour y los estudios fotográficos. “Sabía que iba a triunfar”, asegura el directivo. “Sólo tenía 17 años y era un poco provinciana, pero la convertimos en una top. Planeamos cada paso a seguir, cada contrato”. Su primera aparición la hizo en la portada de Elle en Francia y pronto llegaron los contratos millonarios, como el de seis millones de dólares con Revlon. En 1989, Paul Marciano, fundador y director de arte de los vaqueros Guess, quiso que Schiffer luciera sus pantalones para el mundo entero. Si algo aprendió Claudia de Michel Levaton fue, precisamente, a medir cada paso con la estrategia del mejor jugador de ajedrez. “Siempre he sido muy selectiva con mi trabajo, ése ha sido probablemente el motivo de mi éxito”.La minuciosidad, la ambición, una cabeza muy bien amueblada y un rigor laboral a prueba de bombas le han llevado hasta donde está. Porque la pregunta no es qué ha hecho Claudia en el mundo de la publicidad, sino ¿qué no ha hecho? Ha sido musa Chanel, la reina de los calendarios (muchos de estos beneficios se han destinado a la lucha contra el sida), la estrella de L’Oréal ,Citroën o Revlon, el rostro de Mango, del Vogue, del Harper’s Bazaar, Vanity Fair y hasta de la revista Time. Con más de 200 clubs de fans, entró en 1999 en el Libro Guinness de los Récords por ser el rostro que más portadas conquistó. Por entonces, sumaba 400, pero Claudia Schiffer es imparable y ya llega a las 700 portadas. Aunque no le gusta hablar de dinero, la modelo alemana sigue estando entre las cinco mejores pagadas del mundo. Hace cinco años, cobraba unos 48.000 euros por una sesión fotográfica y, en su etapa dorada, ingresaba 12.000 euros por cada salida a la pasarela. Hoy en día... atesora una fortuna de 60 millones de euros y su cuenta se incrementa cada año en unos nueve millones más.

