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NIñOS / "Un niño que no juega, no es sano"
Por Hugo Carro
Mientras más sucios, más felices. Así coinciden unas 400 madres -con niños de 1 a 12 años de edad- en un estudio de opinión que respondió a la siguiente inquietud: ¿Jugamos libremente sin miedo a ensuciarnos? Según la investigación, presentada en el 2º Foro sobre Desarrollo Infantil de Montevideo, las madres "tienen una muy alta valoración de que el juego es fundamental para sus hijos, y entienden que ensuciarse pasa a un segundo plano cuando el objetivo es el del juego, para lograr un desarrollo". El encuentro, que discutió la variedad del juego y su impacto en el crecimiento del ser humano, contó con el pedagogo italiano, Francesco Tonucci, como panelista central. A su juicio, "falta la opinión de los niños sobre lo que hacen las madres". La investigación, realizada en la capital uruguaya, reveló que "9 de cada 10 madres no limitan el juego de sus hijos por temor a que se ensucien". De las respuestas contrasta el hecho de que los hijos "durante la semana juegan con autitos o muñecas y ven televisión", pero en el fin de semana, "pasan a ser más importantes, correr, patinar, jugar a la pelota, o al escondite". Por su parte, las madres disfrutan más con sus hijos actividades pasivas, tales como "pintar, juegos de mesa, leer". Esto sucede porque hay una tendencia a mantener los juegos dentro de la casa: la inseguridad atenta contra la recreación en espacios abiertos como una plaza, argumentaron. Otro dato del estudio que llama la atención, es que pese al avance de la tecnología, 85% de las madres respondió que sus hijos hacen "actividades físicas" fuera del horario de clases.El juego y la salud
La psiquiatra infantil, Natalia Trenchi, y el psicólogo Fabián Vilas, consultados por la BBC, coincidieron al advertir que "un niño que no juega, no es un niño sano". Al respecto, Trenchi explicó que tal situación "el no jugar puede deberse a muchas cosas. Por ejemplo, no juegan los niños autistas o tienen un juego muy peculiar, repetitivo, interminable. No creativo, no simbólico. También, dejan de jugar los que se deprimen". La especialista advirtió que "los niños están quejándose de cosas que no tenían las generaciones mayores. Hay muchos con trastornos de ansiedad, miedo, preocupaciones. Muchas veces recibimos consultas por dolores de barriga repetidos, de cabeza sin causa aparente. Padres que recorren consultorios de oculistas y traumatólogos y no aparece nada". Según la psiquiatra, "la depresión ha aumentado en los más chicos; como sometemos a los niños a un mal entrenamiento de la atención, eso los vuelve más dispersos, más inquietos y más atropellados de lo que deberían"."Niños jugando"
Valentina, una joven ’recreadora’ que trabaja en un colegio privado, dijo a la BBC que "se hacen campamentos, jornadas de integración y educación en el amor, para transmitir valores". Explicó que "los chiquilines (niños), al principio ponen obstáculos. Después cuando se empiezan a proponer juegos de rondas, que son muy buenos para comunicarse entre ellos mirándose las caras; empiezan a soltarse a desinhibirse y ser espontáneos o ellos mismos". Advirtió que hay que tener cuidado con lo que se transmite, porque "hay intencionalidad en ello" y aclaro "que hay que poner ciertos límites, porque los chiquilines hasta se enamoran de uno o ese tipo de cosas bastante espontáneas".Navigation

